En compañía del amigo Beato, alguien demasiado pateo* a pesar de lo que su nombre indique, nos fuimos a Cuenca. No confundir "ir" con "mirar" a Cuenca. Aquí una aplicación pensada para este menester.
[pateo* : que niega la existencia de dios con los pies y a patadas]
[pateo* : que niega la existencia de dios con los pies y a patadas]
La zona conocida como Los Callejones de Las Majadas es una Ciudad Encantada, más si cabe que la original ya que me encanta que la entrada sea gratuita y sobre todo que puedas disfrutar de su noche, oscura donde las haya.
Los más de 200 km que la separan de Madrid, hacen pensarte dos veces el viajecito ya que es frustrante llegar con todo el cielo encapotado como así nos sucedió a pesar de las buenas predicciones de los diferentes chamanes de la red metereológica.
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| Mirador Tío Cogote (Majadas- Cuenca), donde se aprecia el resplandor naranja de las luces de Madrid (a 200km) la zona verdosa procedente de la Central Nuclear de Trujillo |
Aunque la cosa mejoró entorno a las 3:00 de la madrugada, nos hizo perder un tiempo muy valioso pero que aprovechamos resignadamente para fotografiar el verde de cielo radiactivo de la central nuclear de Trillo. A su vez también pudimos calcular el límite horizontal de los acantilados del Mirador del Tío Cogote ( a 1.5 km de los Callejones) y es que en una de estas cualquier día me hago inmortal. La noche te confunde y cuando quieres iluminar de cierta forma, el ímpetu artístico te hace perder la percepción de la 3ª dimensión. Dicho en palabras más técnicas: te metes unas hostias de aúpa si no conoces el terreno porque aveces pisas en falso. El problema en este caso, es que el pisar en falso supondría un vuelo a plomo de unos 40 metros... no pudimos ver el fondo.
Encaramados como dos buitres leonados a uno de los salientes, comenzamos la verdadera sesión. La Vía Láctea, se estaba desperezando y aunque las luces naranjas de Cuenca se hacen notables la visión era fantástica. Había hecho ya un par de panorámicas y
ya casi dispuestos para volver a los Callejones me dio por hacer una última foto, cuando un rapidísimo bólido cruzó el cielo de Este a Oeste un segundo antes de cerrarse el obturador de mi cámara. La velocidad y estela verde a su paso fue impresionante. Beato había cerrado el obturador un instante antes y no pudo registrarlo a pesar de estar con el 8mm que tiene mucho más campo visual que el 14mm con el que yo estaba trabajando. Nos queda el recuerdo sobre todo del grito WAAAUUUUU!!!!! al unísono, que se debió oír a varias leguas.
De vuelta a los callejones, una roja Luna menguante saliendo entre los pinos, nos hizo temer por la sesión y apuramos el paso.
Ya entre monolitos de rocas calizas la cosa se puso interesante, pero el síndrome de Stendhal hizo de nuevo su aparición... las posibilidades son infinitas aunque de un difícil encuadre debido a la proximidad de tantos elementos con muy poca separación.
Se hizo lo que se pudo, pero habrá que repetir esa localización y su magnífico cielo, que a pesar de la luz de una Luna a un 15% era capaz de seguir mostrando la Vía Láctea sin apenas inmutarse. Solo la llegada del crepúsculo tuvo la fuerza suficiente para borrar su brillo y despertarnos del encantador sueño para nuestro regreso a la urbe.
A pesar de todos los contratiempos tuvimos suerte, como el pequeño gamo que cruzó la carretera cual bólido la Vía Láctea; se libró de la metamorfosis de convertirse en un gamo vela... otros, tiempo atrás, tuvieron peor suerte.




























